domingo, 17 de noviembre de 2013

MARISA FERNANDEZ MOLINA





                   




Marisa cuéntanos un poco de tu vida por las calles de nuestro pueblo.

Yo nací en Onil un 20 de enero de 1944. Mis padres, Manolo Fernández y María Molina tuvieron 7 hijos. Yo soy la segunda: las cinco primeras mujeres y los dos últimos, chicos y mellizos.
Vivíamos en la casa de mis abuelos Santiago Molina y Claudia Sempere, en Camino de San Antonio nº 2, en el piso superior.

En la parte delantera de la casa había una especie de jardín cerrado con una verja de hierro forjado altísima (me parecía a mí desde mi altura de niña) con unos nogales muy hermosos, algún rosal, y una planta arbustiva llamada "chamela"(no sé si el nombre es en castellano o en valenciano) que dan unas flores blancas que olían de maravilla. El mes de mayo, mi madre nos hacía ramos de chamela que llevábamos a la escuela para ponerlas en el altarcito que se montaba en cada clase en honor a la Virgen. Era el mes de María, el mes de las flores.

La carretera de Onil a Castalla era estrecha, de un solo carril y estaba bordeada de nogales. Las calles sin asfaltar y sin coches nos daba la opción de jugar en ellas sin peligro y chapotear y hacer figuras con el barro que en ellas se formaba en los días de lluvia o del riego en los bancales al borde del camino de la Virgen, paseo obligado. ¡Era una gozada!: escuela y juegos a mansalva hasta que se encendían las luces de la calle y había que volver a casa.

La primera escuela a la que asistí no fue en Onil. Durante algún tiempo mi familia vivimos en Benetúser (Valencia) y fue allí donde empecé a ir al colegio. Haciendo cuentas, yo debía tener 3 años. No me gustaba ir al colegio. Para mí el camino era largo, polvoriento, había mucha circulación de camiones y hacía calor; pero recuerdo perfectamente como estaba dispuesta la clase y dónde estaba mi sitio. No recuerdo las actividades que hacíamos, ni a qué jugábamos, ni la cara del maestro o maestra. De eso, nada ¡Qué curioso!

Después volvimos a Onil y ahí, en esa época, la escuela estaba diseminada en bajos en forma de unitarias, ubicadas, según yo recuerdo, entre la prolongación de la calle Cervantes ("L'Ensenyança") y a la que yo fui, situada en la calle Virgen de la Salud.

Las clases eran mixtas y recuerdo perfectamente mi primer día de escuela en Onil, en esa clase. No sé cuántos años tendría pero supongo que alrededor de los 5 o quizás 4. Era un local sin más luz natural que la que entraba por la puerta. La maestra, doña Concha Muñoz, me mandó sentar al lado de una niña que no conocía pero a partir de entonces fuimos siempre compañeras de clase hasta que dejé Onil para continuar los estudios en un internado. Ella me dijo: "Yo me llamo Mª Lucía pero siempre me llaman Marujín". Era la hija mayor de un maestro que hoy tiene, en Onil, una calle a su nombre, Don Manuel Cabañes. Yo le dije: "Yo me llamo Marisa", porque aunque mi nombre oficial es Mª Luisa, yo jamás me he sentido identificada con " Mª Luisa" más que para actos oficiales. Nadie en Onil, de entre quienes me conocen, me identificarán más que como Marisa, y es más, como Marisa Molina, pues no muchos saben que somos Fernández Molina.


Marisa y Mª Teresa Fernández Molina (7 y  9 años)

La organización de la enseñanza, creo recordar era: Párvulos, Grado Inicial, Grado Medio y Grado Superior. Cada grado debía durar dos cursos, pero no estoy segura. El horario era como ahora de 9 a 12 y de 3 a 5, con un recreo a media mañana. En párvulos, cuya clase era mixta, aprendimos a leer en las cartillas de Trillo Torija y lo hacíamos de una en una con la maestra.


Tapa de la cartilla




Primera pagina


Escribíamos en pizarritas de verdadera pizarra con unas barritas llamadas pizarrines y la limpiábamos, después de su uso, con un trapito que iba atado con una cinta a un orificio del marco de madera de la pizarra para volver a usarla de nuevo. Tenían el tamaño de una cuartilla. Además de lectura, escritura y matemáticas, se hacían trabajos manuales y ejercicios de psicomotricidad. Aprendíamos a recitar poesías y yo recuerdo una en especial, "El lagarto y la lagarta", que en estos momentos me parece cuanto menos curioso por su autor, dados los tiempos que corrían: era de Federico García Lorca





En el grado siguiente, cuya maestra fue Da. Carmen Soler, igual que en Párvulos la clase seguía siendo mixta. De entre los primeros libros de lectura recuerdo "Hemos visto al Señor" y "Yo soy español".


En esta clase recuerdo la continuación con el aprendizaje de la lectura, escritura, matemáticas y ejercicios de manualidades y psicomotricidad tales como: hacer una especie de entrelazados con tiritas de papel charol de colores diversos que quedaba como tapices y colorear dibujos que después picábamos con un alfiler sobre una almohadillas llenas de serrín a modo de alfileteros...

Después de Da. Concha Muñoz y Da. Carmen Soler tuve como maestra a Da. Jacinta Boix, ya Grado Medio. A partir de ese grado las clases ya no eran mixtas. Seguíamos con la lectura, la escritura y las matemáticas (materias instrumentales, la base del aprendizaje) y comenzaba la enseñanza de las nociones de Gramática Española, Geografía, Historia, Ciencias Naturales y Religión todas en el mismo libro, la Enciclopedia; mi generación, o por lo menos mi quinta, aprendimos con la Enciclopedia de Dalmáu Carles. Dibujos en la Enciclopedia, pocos y dibujos coloreados, ninguno.

Por las tarde hacíamos labores. Aprendíamos a coser, a hacer bolillos, ganchillo, algunos bordados...

Creo recordar que los miércoles por la tarde no había clase, pero sí la había los sábados. Ese día, por la mañana, copiábamos el Evangelio del domingo y hacíamos el dibujo alusivo a él.

Durante el tiempo de recreo, como ahora a media mañana, jugábamos a todos esos juegos que te he nombrado antes

Una actividad escolar que perduró hasta bien entrada la época en que yo ya era maestra era la realización del "Cuaderno de rotación". Éste era un cuaderno en el que cada día una de las alumnas escribía allí todos los ejercicios que se realizaban a lo largo de la jornada y al final lo firmaba. Sería curioso ver alguno de esos cuadernos en estos momentos.

Ya en el Grado Medio escribíamos a tinta, con pluma que se mojaba en un tintero. A veces, yo diría que al menos al principio con bastante frecuencia, los goterones y los borrones de la tinta te estropeaban el trabajo. ¡Era un fastidio!

Otra cosa curiosa era el sistema de calefacción: "la rejuela"; era calefacción individual. Consistía ésta en una caja metálica de forma rectangular (de unos dimensiones aproximadamente de 30 x 20 x 15cm. más o menos), con tapa agujereada en forma de dibujo, con un asa metálica y agarradera de madera, dentro de la cual se ponían brasas y, ya en la escuela, se ponía en el suelo, los pies encima y pies calentitos ¿Habías oído hablar de ello? ¿Que no había disponibilidad económica para comprar una rejuela? Sin problemas, con una lata de conserva grande y un asa de hilo de alambre, asunto solventado.

Después de esta última pasé a preparar el ingreso de Bachiller, con 9 años (como correspondía entonces), y a continuación cursé 1º de Bachiller, preparándome para ello los maestros D. Joaquín Zapater y D. Manuel Cabañes y examinándome libre en el Instituto de Alcoy. Así era entonces. Fíjate si han cambiado las circunstancias. Ahora hay Instituto en Onil, ¡ahí es nada! Y Universidad en Alicante y Elche!!
El resto de Bachiller y la carrera de Magisterio los hice interna en un colegio de Alcoy.






















¿Por qué te decidiste a cursar Magisterio? Una vez tomada la posesión de maestra en el Colegio Público Francisco Franco, cuéntanos tu experiencia en Onil.

La decisión de estudiar Magisterio no fue mía sino de mis padres y no andaban equivocados porque ha sido una profesión que he ejercido con mucho gusto. Creo que he sido válida en la enseñanza y me ha aportado muchas satisfacciones.

En junio de 1961 terminé la carrera y ese mismo verano se convocaron las oposiciones a Magisterio Nacional, me presenté y aprobándolas, se me concedió en propiedad provisional la plaza de párvulos de Onil.

El director del colegio era D. Manuel Cabañes y habían otros maestros que en ese momento fueron mis compañeros: D. Joaquín Zapater, Da. Jacinta Boix, Fina Sanchis, Maruja Cruañes, Da. Vicenta Argudo (mujer de D. Manuel Cabañes), Maruja Sarrió, D. José,.... y de momento no recuerdo quién más había.

Mi clase estaba al entrar, la primera a la izquierda. Había mesas de dos plazas para los alumnos, con asiento abatible y escritorio, todo él de madera, pero sólo para unos treinta alumnos. No tenían sitio fijo; tal como iban entrando iban ocupando las mesas. Los que entraban cuando todas las mesas estaban ocupadas, se sentaban en un banco corrido sin escritorio por lo cual para escribir ponían la libreta sobre la cartera tipo maletita de material duro (cartón o madera). Para los que ya no tenía sitio allí, en el banco corrido, ponían el abriguito en el suelo y allí se sentaban. ¡Hay que ver qué condiciones!

Los útiles de escritura se guardaban en una cajita de madera llamada plumier; las había de tapa abatible con bisagras y de tapa de corredera, de un piso y de dos pisos; los lápices de colores, Alpino; las gomas de borrar, Milán (aún existen). No se había inventado ni las ceras, ni la plastilina, ni los bolígrafos, ni los rotuladores, ni los marcadores, ni los archivadores de anillas, ni tantas cosas de las que ahora se disfrutan.

Tal como los niños cumplían los 4 años, al día siguiente ingresaban en la escuela, de manera que el ingreso se efectuaba a lo largo de todo el curso y la matrícula iba subiendo. Yo pensaba: “El día que lleguen a los 100, entran, dejan la cartera y salimos al patio para el resto de la jornada”. ¿Qué se podía enseñar en esas condiciones? Pues algunas cosas aprendieron, ¡asombroso! Pero no llegó el caso. Nos quedamos en 90 alumnos. Las otras clases no tenían esa matrícula, seguramente porque las clases, a partir de ahí, se desdoblarían, digo yo, porque no recuerdo más detalles.

La enseñanza era totalmente en castellano y puesto que mi clase era su primer contacto con la escuela, decían frases tales como "Señorita, Pepito me ha furtado el lloco (Señorita, Pepito m’ha furtat el lloc) o también “Fulanita me ha pegado un moso” (Fulanita m’ha pegat un mos) La mezcla de palabras castellanas y valencianas castellanizadas era frecuente en su infantil lógica.


Colegio Francisco Franco de Onil 

Para el curso siguiente (1963-64) fui destinada como propietaria definitiva a una escuela rural, El Mojo, situada en una cañada de paso de ganado, mayoritariamente ganado bravo, en un campo del municipio de Jerez de la Frontera (Cádiz). Lindaba con cortijos de afamadas ganaderías bravas: "Martelilla" del Marqués de Domecq,"Los Alburejos" de Álvaro Domecq, "El Pedroso" de Terry. Estaba a 16 Km. de Jerez y no había ni electricidad, ni agua, ni alcantarillado, ni médico, con todo lo que eso comportaba: ni luz, ni frigorífico, ni calefacción, ¿y el lavado de la ropa? No había calles y las viviendas (unas de obra y la mayoría chozas con los techos de pasto (especie de juncos que crecen en los humedales) estaban totalmente diseminadas. Aquello era totalmente exótico para mí, pero a todo se acostumbra una, y yo era muy joven.

Fui muy feliz y las amistades que allí hice (algunas de ellas fueron para mí, mi familia, allá a 500 km de mi casa) las conservo y si bien no nos vemos desde hace muchísimo tiempo, sí nos llamamos por teléfono con cierta frecuencia.

Allí era la única maestra, la clase unitaria era mixta, tenía unos treinta y tantos alumnos y muchos de ellos venían desde bastantes Km. de distancia: unos a pie, otros en bicicleta y algunos a caballo. El nivel económico y cultural te lo puedes imaginar.

El primer curso estuvo conmigo mi hermana Carmen, (a la sazón 11 años y yo 19) para que no estuviera sola. Los otros cuatro cursos que me quedé allí ya no estuvo conmigo pues ella tenía que estudiar y yo ya tenía amistades y la gente fue encantadora, acogedora y muy cariñosa conmigo. Una época feliz, feliz. Durante mi último viaje de vuelta a casa lloré más que Jeremías. ¡Cómo sentí dejar El Mojo!

Como no había Iglesia, la Primera Comunión de los niños se hacía en la escuela. Se la adornaba la clase con macetas y se preparaba el altar en la mesa de la maestra.




Ultimo curso en el Colegio en El Mojo

En septiembre de 1968 ya me dieron el traslado a Sax. Había un grupo escolar, C. P. Cervantes, edificio sólido, como se edificaba en tiempos de la República, pero hacía un frío de no te menees Yo que he sido siempre friolera, lo pasaba fatal. Por lo demás, en el plano profesional y personal, estuve muy bien. Como era una escuela graduada, cada maestro tenía un nivel y a lo largo de esos siete cursos pasé de 1º a 5º por todos y alguno de ellos dos veces. Las clases eran de 35 niños más o menos.

Entonces tenía la posibilidad de ir a Onil todos los fines de semana, de manera que volví a tener más contacto con mi familia y mis paisanos. En Sax estuve once cursos, hasta el 1979.


Alumnas del colegio en Sax

Para terminar, en los últimos 25 años de tu etapa profesional, viviste en Alicante. ¿Qué asignatura impartías?

En septiembre de 1979 me vine a Alicante y estuve durante mis 25 últimos cursos de maestra en el mismo colegio, C. P. Azorín. Un colegio grande que solo tenía un año de existencia con muchos maestros. Al principio todas las líneas de enseñanza eran en castellano, luego se fue introduciendo la Lengua Valenciana como asignatura y posteriormente una de las líneas fue convertida en línea de inmersión. En el Azorín impartí clase de 1º a 6º, según las normas establecidas en el Colegio y según las necesidades y competencias de cada cual en cada curso.

Siempre estuve de tutora y dando las clases que no son de especialidad: Lengua Española, Lengua Valenciana, Matemáticas, Conocimiento del Medio, Educación Plástica y lo que en aquellos días se llamaba Alternativa a la Religión. El Inglés, la Música, la Educación Física, la Religión, Informática (esto ya en los últimos 5 ó 6 años) la daban siempre especialistas.

Los últimos 10 años pasé a la línea de inmersión y di las mismas materias, pero en valenciano. En el Azorín me jubilé a final del curso 2003-2004.

Durante mi época de Maestra en activo he disfrutado mucho, algunas veces he padecido, ¡claro!, hubo que luchar para poder salvar las dificultades que se presentaban, a ellos como alumnos y a mí como enseñante, a fin de lograr que aprendieran los objetivos establecidos en su tiempo, pero en general ha sido buenísima. Ver como los niños iban aprendiendo ha sido inmensamente gratificante y si encima, cuando los encuentras después de muchos años, te saludan y se alegran de verte, te hace pensar que lo hiciste bien con ellos y eso a mí me satisface.


Grupo C.P.Azorin (Alicante)


¿Te resultó difícil desconectar totalmente del mundo lectivo?
No me costó nada en absoluto. Había cumplido una etapa de mi vida y entraba en otra, eso es todo. Tampoco me costó pasar de estudiante a Maestra en activo.

Mientras estuve ejerciendo disfrute todo lo que pude de lo que me ofrecía ese estado. Ahora toca disfrutar de otras cosas: fuera horarios insalvables; no hay que correr, como había que hacerlo entonces, para cumplir con lo que la vida en activo te trae - trabajo profesional y trabajo de casa- y que a veces costaba un poco llevarlo todo adelante. Además puedo reunirme con mis amistades con tranquilidad, tengo tiempo para asistir a cursillos en la Universidad para mayores que me parecen un lujo, no estoy cansada para ir al teatro a ver una ópera o un ballet (que es lo que me gusta), ni para ir a caminar por el paseo de la playa, que también es otro lujo aquí en Alicante y que además lo tengo a un tiro de piedra de casa. En fin cosas todas ellas muy gratificantes, como lo fue en su día enseñar a los chiquillos. 

Bien es verdad que con la edad la salud no es la misma, pero......... así es la vida. Hay que disfrutar aquello que nos otorga en cada momento, y en eso estoy ahora.




Marisa, gracias a este blog, he tenido la ocasión de conocerte y quería darte las gracias por darme la oportunidad de ser tu amigo y también por colaborar con “Onil en mi memoria”. Ya sabes dónde tienes un amigo.





8 comentarios:

Anónimo dijo...

¿De qué año es la foto del colegio francisco franco?
Gracias

Anónimo dijo...

Che Marisa, qu'alegria trobarte en el blog i llegir la teua historia, que m'ha fet recordar també la meua. Jo soc uns mesos major que tu (vaig naixer un 15 de setembre del 1943). No vaig tindre la oportunitat d'estudiar cuand tocaba. Als 13 anys estava ja treballant de meritori en una empresa de nines (que es lo que teniem en el poble). Despres, i per motius de faena, si que vaig tindre que apretar els colses sobre la taula i estudiar altres materies: Idiomes, tecniques de venta, comerç exterior, marketing, etc. En fi, també va ser molt gratificant per a mi i en va donar l'oportunitat de coneixer tambe altres cultures.
Un fort abras.

Antonio Colás "El Maño"

Ah! Ja veus, el meu valenciá d'anar per casa.

cafemolina.blogspot.com dijo...

Sigo tu blog a menudo. Soy de Onil y aunque llevo desde el 74 viviendo en Madrid, me acuerdo mucho de la infancia vivida en mi pueblo
Me ha encantado leer lo que escribe Marisa, vaya recuerdos bonitos...
Enhorabuena y sigue haciendo por recuperar nuestra memoria.
Carmen.

Anónimo dijo...

A Anónimo:

Veo que he cometido un error en la fecha del curso que estuve en Onil y quiero subsanarlo.
En el texto he puesto curso 1963-64. No es cierto; era el curso 1962-63 pero ingresé el 29 de enero del 63, cogí el curso ya empezado. Esa foto, por tanto, debió ser a partir de esa fecha hasta la Semana Santa,invierno, por la ropa que llevamos.

Marisa

Jose Ramón Juan Albero dijo...

Hola amigos: antes de nada daros las gracias por vuestros comentarios y opiniones. Se agradece mucho el que vea que no trabajo en balde.

Abajo pongo un enlace para que podais ver la foto del año 1963 con los nombres de los alumnos del Francisco Franco.

http://onilenmimemoria.blogspot.com.es/2012/06/foto-escolar-ano-1963.html

Saludos a todos.

cafemolina.blogspot.com dijo...

Acabo de entrar en el blog y he visto la inauguración, en Madrid, de la calle Onil.
Soy colivenca y vivo en Madrid desde el año 1974, decir que estuve allí (con mi familia y sobrino ,también colivenc. En ese año cursaba estudios en Madrid). Fue un acto entrañable y recibí un trocito de mi pueblo en esta ciudad donde vivo.
Gracias por tu dedicación.

Isabel Pastor dijo...

Soc una colivenca de 25 anys, vivint a l'estranger. M'ha paregut molt interesant l'article i tindre constànca de primera mà de com eren les condicions entonces, i com s'ha anat modificant tot, com es va incluir progresivament el valencià i altres asignatures com religió van anar perdent.

Isabel Pastor dijo...

Molt interesant tindre constànca de primera mà de com eren les condicions entonces, i com s'ha anat modificant, com es va incluir el valencià i la religió va anar perdent